18.3.09

Polniakov

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La compañía había reunido para puestos directivos – ejecutivos, ingenieros y arquitectos jóvenes que, cuando no estaban “inspeccionando obra” se divertían en tareas poco formales en la oficina y fuera de ella.
Citaré dos ejemplos que sobran para demostrar esta afirmación. Mi marido, entonces novio reciente, solía correr picadas por Bernabé Márquez y/o contar “sucedidos”, cuentos de fogón, etc.… en las oficinas centrales.
También allí había, además de las empleadas administrativas, un Ingeniero de la Corte del Zar: Polniakov.
Un día de lluvia copiosa, dice uno de los “genios”: ¡Qué lindo día para encamarse!
Por supuesto, para oídos masculinos solamente. Y Polniakov pregunta: ¿qué es encamarse? A lo que nuestros creativos le explican que es tradición en argentina que los días de lluvia se reúnan a tomar mate y comer tortas fritas, etc.…
Pasa el tiempo, vuelve a llover, todo el mundo en la oficina, cuando entra nuestro ruso blanco hasta con el impermeable puesto todavía y larga: ¡Qué lindo día para encamarse!
Horror en las mujeres y algarabía en los aburridos profesionales que no podían ni siquiera, explicar coherentemente, su broma al caballero.

Graciela Zolezzi Faure

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