19.3.09

Exoticidades VI

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Ustedes seguramente lo recordarán. En el barrio de Liniers existe todo un personaje, un chino —o hijo de chinos, no sé— que ejerce tres ocupaciones simultáneas: una ordinaria (la de carnicero), otra ilegal (la de «levantador» de quiniela clandestina) y otra mística (la de arúspice). El Juan —tal la adaptación hecha por sus vecinos al original de Huang— practica su triple destino compartiendo con sus clientes la predicción del mañana: de entre las vísceras exhibidas en bandejas sobre el mostrador, este carnicero imposible vislumbra un número para la «Vespertina».
(Si se le pregunta por su don, él dice portar con poderes milenarios, aunque los intelectuales del barrio le recuerdan la contradicción entre la cultura latina y la forma de sus ojos… Los tahúres de la cuadra, por su parte, sospechan del influjo de los mataderos, allí ¿no? donde Don Ernesto o Tito también rasgan, palpan…).
Como quiera que sea, mientras despacha, el Juan revuelve, piensa, «ve». Luego se cobra las achuras y nos murmura al oído algo así como «jugarle al cero nueve».

Maximiliano Sacristán

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