7.2.09

Julio Carreño / Romance con sonetos

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Fue allá en Mercedes
un poco más acá del novecientos
Se llamaba Carreño
Julio Carreño creo
¡pero eran otros hombres y otros tiempos!

Los cajetillas en las madrugadas
hacían blanco en la torre de la iglesia
deteniendo las horas con sus balas
Los compases del tango aun orillero

Movían firuletes en el viento.
La corte y las carreras como signos
que señalaran pasiones y hechos
tironeaban la vida de los hombres

y en una esquina, en un entrevero,
sentaba sus reales nuestro malevo:
pantalón francés, pañuelo al cuello

botín de punta, taco y chambergo
–figura que del barrio era un eco
usaba a los prostíbulos de reino–

Fue allá en Mercedes
lo llamaban Carreño.
Algo bajo, flaquito, corajudo,
Delincuente y malevo.
Él tampoco decía ¿cuántos son?
sino ¡vayan saliendo!

Lo contaron a veces las revistas
–hoy dicen a los jóvenes los viejos
señores mercedinos que lo vieron–
con un poco de orgullo en la sonrisa

y en el tono un mucho de misterio.
Fue descuido o engaño o entrevero
–y se acalla la voz por el respeto–
quedó rodeado, solo y ¡esto es cierto!

Sin facón ¿entendieron? Sin facón
tuvo a todos quince minutos lejos.
El poncho, como escudo, sobre el brazo

los ojos, como ascuas y en el pecho
su coraje, su astucia y el orgullo
de aquellos mercedinos que lo vieron.

En unas romerías españolas
en Mercedes,
un poco más acá del novecientos.
Gritó el Coronel ¡es un valiente!
y los otros dejaron a Carreño.
Aguafuerte de tango
bajo y chambergo
Una sepia de campo,
poncho y cuchillo
y un recuerdo que es cuadro
de otros tiempos.

Lo dicen a los jóvenes los viejos
señores mercedinos que lo vieron.


Graciela Zolezzi Faure
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