5.2.09

Destinos de un cuarto de hora

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Así fue como conocí a la mujer de mi vida. Estaba yo en medio de una inquieta manifestación pública, cuando inesperadamente una oleada de gente nos juntó. Más que descubrirnos, nos reconocimos. Más que aproximarnos, nos gravitamos el uno al otro como las estrellas binarias. Lo recuerdo bien: pudimos comulgar, y entre gritos y empujones ambos comprendimos que finalmente nos habíamos encontrado. Muy pronto otra marea humana nos separó; fue un gigantesco manotazo de muchos cuerpos que nos quitó el regalo que nos había ofrendado hacía un rato nomás. Y desde entonces nada supe de ella (¿o acaso alguien piensa en números telefónicos o direcciones cuando se está en pleno éxtasis?) Tan unidos nos creíamos, y tan felices. Así fue como perdí a la mujer de mi vida.

Maximiliano Sacristán
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