16.1.09

¿Y si me saco la sortija?

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No me atrevería a decir que todo el tiempo ido fue el mejor, (para nada) porque los hechos me demostrarían que no es así.
Pero muchas veces el presente, con esa insolencia avasalladora que trae aparejado el progreso, suele ser muy ingrato con las cosas del pasado, olvidando fríamente que mucha gente bebió de esa savia en su feliz niñez.
Desgraciadamente los dolores que debemos experimentar en nuestro devenir son demasiados, uno de ellos por ejemplo... La muerte lenta y sin pausa de aquella amiga entrañable, la que siempre estaba al servicio de divertir a tantas generaciones de infantes que a pesar de la distancia, siguen acordándose de ella.
Me refiero ni más ni menos que: “a las calesitas”, tan ausentes... a pesar nuestro. Y aquí va un recordatorio válido de lo que siento por ella.
Pienso que entre las distintas formas de transitar por la vida, hay quienes de puro agradecidos y sin estar atados al pasado, rescatan de él muchas cosas dignas de recordar, yo tengo varias pero voy a elegir una como muy importante, (no es que sea el dueño de la verdad, pero es la mía), por que el solo hecho de haber gastado una buena porción de años en ello, me da derecho aunque más no sea... a equivocarme.
Y esto no es cuento, pues me viene entristeciendo cada vez más, la forma en que paulatinamente van desapareciendo los últimos vestigios de un ayer, que si bien es cierto que tenía cosas “olvidables”, no es menos cierto que le sobraban matices dignos de tener en cuenta.
Soy muy conciente que a los jóvenes esto seguramente no los va a movilizar en absoluto, pero a los veteranos como yo... nos dejó tantas alegrías grabadas hondamente, la causante de esta ráfaga nostálgica es uno de mis amores de “allá lejos”: ¡mi bien amada calesita!
Promotora ella de los inolvidables momentos en que los chicos del barrio, todos en tropel y cual filibusteros en acción, tomábamos por asalto los avioncitos y caballitos de ese viejo carrusel, para de esa manera hacer los viajes más increíbles a lejanos reinos encantados, lugar donde las hadas buenas nos hablaban de una infancia feliz.
Chau buena amiga... tu musiquita seguirá alegrando mi mente y alimentando mis utopías de que reinarás nuevamente... ¡hasta el final de mis sueños!

Boris Gold
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bravo, Boris, por esta evocaciòn nostalgiosa de una presencia inolvidable de nuestra infancia!
Como todo lo que llevo leìdo de tu obra, es un IMPRESCINDIBLE.
fELICITACIONES Y UN BESO GRANDE.
Marìa Rosa Leòn

Anónimo dijo...

Me encanto tu obra,me hizo retroceder a mis propios tiempos de hadas en que me subía al carrusel. Creo que siempre habrá un rincon en el corazón del niño interior para recordar viejos tiempos, por mucho que cambien las épocas.
M. Clara.