3.1.09

Sin olvido...

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Hoy estamos a la espera de una cálida palabra
que ya no se escucha.
Hace eco el silencio
entre estas paredes transpiradas.
Se desprenden lágrimas.
Se derraman gritos.
Se sospechan dolores.
Y se rasgan los oídos
con la intención desolada
de escuchar lo que ya no se escucha.
Hace eco el silencio
entre estas manos expectantes,
de ese tan sutil encanto
de tus ojos,
tus poesías,
y tus ofrendas amorosas.
Se desprenden lágrimas
–Al menos de mis ojos–
que ya no pueden verte;
–al menos de mis manos–
que ya no pueden tocarte;
y al menos de tantas manos
a las que supiste sostener
con tanta entrega.
Se derraman gritos
proclamando tus palabras
cruelmente acalladas.
Se derraman gritos
por tu ensordecedor silencio.
Por no poder escuchar esa voz
tan cautivante
recitando mágicos refugios
para el corazón.
Se extraña
ese olor a incienso
recorriendo los rincones.
Esa entrega magistral
por el prójimo.
Ese talento incomparable.
Esa pasión por la palabra.
Tus palabras
tus besos
tus estrofas
tus olores
tu grandeza
tu corazón puro
y tu presencia...

Cecilia Mucic

Abril, 2008.
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