29.12.08

La Depi jet 200

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Dedico estos cuentos a la memoria de Mane Bernardo.
Todos los veranos, iba al campo a visitar a mi abuela María. Pero el verano del ‘83 fue distinto, porque yo llevaba en mi cartera el diploma de experta en belleza.
Diploma que la abuela mostraba orgullosa a las señoras del pueblo, consumidoras fieles a los ruleros e ignorantes absolutas de los rizadores eléctricos y del spa.
Todas las tardes, en el patio, se reunían las vecinas de la cuadra a tomarse un amargo con tortas fritas.
En una de esas reuniones, conocí a la Eulogia Ramírez, mujer tosca que tenía tanta vellosidad facial que parecía hija del finado Cafrune. Una especie de lobisón femenino campero.
Sin duda, en su torrente sanguíneo corría algo de estrógeno mezclado con testosterona.
Las señoras escuchaban casi con unción mis relatos sobre máscaras faciales, lápices labiales y cómo nosotras, las citadinas, nos depilábamos las axilas, las piernas y hasta nos hacíamos el cavado.
Les conté cómo las más osadas se hacían el cavado profundo, relato que motivó a que todas cerraron al unísono las piernas, como acto reflejo en defensa a sus partes púdicas.
Un día les mostré mi depiladora manual, lo último en depilación: La Depi jet 200.
Cuando todas las señoras se retiraron del amargo five o'clock, la Eulogia llevándome aparte, me mostró las piernas cubiertas por un bello hormonal y salvaje que había trepado desde los tobillos hasta el pubis, cubriendo totalmente su epidermis.
Mi profesionalismo que va más allá de Daylo plas y que roza con el altruismo, me movió a que le vendiera mi Jet 200 a un módico precio. Una vez concluido el trato, le expliqué rápidamente su manejo.
La Eulogia, con lágrimas en los ojos, me agradeció ese acto generoso y subiéndose al sulky partió.
Apenas llegó a su ranchito, enchufó el aparato y emprendió la tarea
A pesar del dolor que le producía su primera depilación, prosiguió hasta arrancar de cuajo a estos indeseables cilindros de naturaleza córnea, que cubrían miserablemente sus piernas y su autoestima.
Este hecho despertó en ella el coraje necesario para que emprendiera con ahínco el cavado. Pero... En una mala maniobra... la Depi Jet 200 se enredó en su vellosidad púbica.
¡Qué desesperación...! ¿A quién pedirle ayuda?
¿Cómo presentarse ante el médico con el adminículo colgado entre las piernas como el badajo de una campana que golpeara sordamente a sus muslos internos?
¡Qué bochorno!
¿Cómo sentarse en el sulky sin que el citado aparato depilara "involuntariamente" su vagina?
¿Cómo explicarle a su futuro esposo la virginidad perdida?
Entonces la Eulogia tomó una decisión y con las piernas abiertas, fue caminando derechito al baño y tomando una tijera del botiquín cortó el vello enredado.
La Depi Jet 200 quedó vibrando por un rato en el suelo hasta que un hachazo certero terminó con la vida útil de la satánica depiladora.

Adriana Mónica Suárez Blas

Lunes al atardecer. Antología de la Bib. Pop. Bdo. Delom.
Coordinador: Santiago Espell. Diciembre 2008.
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