29.12.08

El álbum de fotos

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EN ALGUNA PARTE DE MI CASA está guardado un álbum con recuerdos gratos de la vida de la familia, fotografías muchas de ellas en tono sepia y otras mas gastadas por el tiempo y aunque uno siga a través de ellas las distintas etapas que les tocó vivir sabemos que eso no es cine sino fotografía.
No hay mas que momentos felices, nadie quiere guardar fotos de las tristezas y entonces van pasando junto con las páginas las fotografías de los bautismos, los cumpleaños, el primer día de escuela, niños que parecen angelitos en el día de la primera comunión, recuerdos de la secundaria, novios felices y novias esplendorosas durante la boda y la familia reunida en los aniversarios para volver a empezar con las fotos de la nueva generación.
Entonces nos damos cuenta que la vida a la que creemos entender nos atrapa y nos engaña porque guardamos y queremos recordar sólo una parte de ella. Nadie se acuerda del lío que se armó después del bautismo del nieto de la tía Luisa porque la madre tenía un amante y se hacía dudosa la paternidad de Jorge. Al ver la foto de Anita en el día de su primera comunión en la que parece un angelito de Dios, no sé si alguien se acordará de que al crecer se volvió una loca de la guerra matando de disgustos al padre al verla en boca de todos y en brazos de medio barrio. Pero las que a mí me fascinan son las de los tíos abuelos. Son dos fotografías. En una de ellas se lo ve al tío gordo y grandote, con un formidable par de mostachos al lado de una tía que da lástima, flaca, chupada, con la amargura en la cara y el sometimiento en los ojos, dando la impresión de ser un pájaro cautivo ansioso por lograr su libertad, cosa que según me contaron era cierta porque parece que el tío la cagaba a palos cada vez que volvía de un café en donde se encurdelaba en compañía de otros tanos, hasta que un día la pobre tía sacando fuerzas de su debilidad, desesperada se armó de un rebenque con el cual una noche en que el viejo volvió con una mamúa flor le sacudió una paliza fenomenal, tanto que tuvieron que acudir los vecinos atraídos por los gritos, le sacaron de las manos el rebenque, la calmaron y llevaron al tío desmayado al hospital. Dicen que él no volvió a pegarle y en la otra foto que según tengo entendido es posterior a la paliza, se la ve a la tía con otra expresión en la cara y es más intenso el brillo de sus ojos.
Todo esto va pasando ante mí al dar vuelta las páginas de este álbum de fotos de instantes fijos, con gente sonriente, feliz, bien vestida para la ocasión y queriendo poner una cara positiva ante la vida.

Marta Besednjak

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